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Los perros de la Cruz Roja que rescatan las sonrisas de los enfermos

Perro de cruz roja

Los caninos ayudan al desarrollo motriz de un paciente, además de generar estabilidad psicológica.

 

Siempre se ha dicho que el perro es el mejor amigo del hombre por su fidelidad y acompañamiento; sin embargo, estos animales han tomado un nuevo papel en el desarrollo psicosocial de las personas, especialmente en niños y ancianos.

En la Cruz Roja seccional Cundinamarca y Bogotá, se lleva a cabo un proyecto denominado ‘Rescatando sonrisas’ en el que se ponen en práctica nuevos estudios que demuestran que el uso de perros permite una mayor evolución en las terapias de personas que padecen de alguna enfermedad.

A nivel físico, los caninos ayudan en el desarrollo motriz de un paciente, pero uno de los valores agregados es el aspecto psicológico. La terapia con estos animales es de gran importancia en casos donde los menores han sido víctimas de matoneo, abandono o han sufrido fuertes emociones tras catástrofes naturales o la pérdida de algún familiar.

Según María Mercedes Contreras, fisioterapeuta especializada de la Cruz Roja, el trabajo con los perros permite que los pacientes desarrollen nuevas formas de socialización con las personas. Las terapias donde los personas tienen una intervención directa con los animales generan cambios psicológicos, donde es posible observar resultados como la superación de algún trauma, obtener mayor seguridad, confianza, respeto, compañerismo, entre otros.

Los perros de terapia son un instrumento para facilitar los procesos de los profesionales de la salud, según Delta Society, una de las fundaciones más importantes y responsable de la certificación de estas mascotas en Estados Unidos. Dicha actividad tiene como propósito “promover la funcionalidad física, social, emocional y cognitiva desde una variedad de ambientes”.

Proceso de selección

En principio, el perro debe ser evaluado con el fin de establecer si su temperamento es el apropiado para trabajar en estas actividades; para ello se realizan pruebas como el test de Campbell, que se realiza a las siete semanas de haber nacido la mascota; también se debe practicar el test de Liakhoff, que permite saber si se puede adaptar a los cambios sin que se afecte su estado emocional.

El segundo paso es la educación y habituación. Se les enseña a comportarse, a jugar sin agresión, a comer adecuadamente y a defecar en el lugar adecuado.

La siguiente faceta es el adiestramiento, en este periodo deben tener la habilidad para responder a una serie de comandos, por lo general, esta actividad se lleva a cabo mediante la técnica del ‘positivo’, que consiste que cuando ellos cumplen las órdenes son felicitados.

Posteriormente, se debe trabajar en la relación entre el perro y el entrenador. Este paso es fundamental porque es la prueba de la eficacia de la intervención con los pacientes. En este paso se hacen ejercicios donde el dueño debe dar órdenes como sentarse, estar en silencio o encontrar objetos, para que el animal las cumpla.

Rol-playing es la penúltima etapa. Aquí se simulan situaciones donde el perro tiene que actuar en un escenario real con personas con discapacidad física o mental. Si el perro supera este paso, ingresa al último ciclo, que corresponde al trabajo con los menores o adultos mayores; de no ser así tendrá que ser entrenado durante las horas que sean necesarias para demostrar que está en las condiciones adecuadas.

Beneficios de la terapia

A nivel físico y psicomotor: la actividad con los perros incrementa el desarrollo y mejora las habilidades motoras, el equilibrio y la coordinación; disminuye el estrés, la tensión arterial y la frecuencia cardíaca.

A nivel psicológico: aumenta la estabilidad emocional mejorando la salud mental, lo que hace que sea una buena terapia para niños y personas con gran timidez, pues mejora la socialización y disminuye la resistencia a los tratamientos médicos.

¿Dónde surgieron?

John Locke, un filósofo y médico inglés, fue conocido por sus aportes a la ciencia tras establecer que el uso de los animales era una herramienta socializadora para el hombre. Locke defendía la idea de que el uso de estos ayudaba a pacientes que padecían de enfermedades mentales a estar más tranquilos y relajados.

Posterior a estas premisas, el psiquiatra William Tuke fue uno de los pioneros en aplicar la terapia asistida en un centro psiquiátrico, allí registró que estos proporcionaban valores a los humanos como amor, tolerancia y respeto.

Boris M. Levinson sustentó la teoría de la terapia asistida con animales en su libro 'El perro como coterapeuta'. En la obra se demuestra mediante un caso específico cómo el trabajo con los caninos ayuda sustancialmente en la evolución de un niño con problemas de retraimiento.

Mascotas que alegran

Esperanza Rojas Sarmiento es la madre de Juan Pablo Guasca Rojas, un niño de 12 años con síndrome de Down que desde hace tres años ha trabajado con la terapia asistida de perros en la Cruz Roja.

Esperanza cuenta que cuando Juan Pablo estaba en tratamiento en la Corporación Síndrome de Down, conoció el método de trabajar con animales como un mecanismo para estimular a los menores. Desde allí nació el interés por trabajar especialmente con perros.

Primero llegó Lucas, un cachorro que después de un año de trabajo murió. Luego tuvieron a Bombay, un samoyedo que fue entrenado durante ocho meses antes de empezar su trabajo con el niño y es el que actualmente lo acompaña.

La mamá de Juan Pablo asegura que este tratamiento le ha permitido a su hijo tener mayor independencia y mejor desarrollo físicomotriz, pero sobre todo, una evidente evolución a nivel emocional.

Ella recomienda quitar los tabúes respecto a la terapia asistida con animales, en especial con perros. “Es necesario eliminar el miedo, pensando que los perros van a morder a nuestros hijos o les van a hacer algún daño; por el contrario, estos animales son de gran ayuda para su proceso”, dice.

A través de la experiencia que ha obtenido con Juan Pablo, Esperanza hace un llamado para que las personas que tienen algún miembro de la familia con una discapacidad experimenten con los animales y descubran que la terapia asistida con perros deja resultados muy positivos en el desarrollo integral del niño y de la familia.

Uno de los momentos más impactantes y que más recuerda Esperanza fue la despedida entre su hijo y su mascota. A Lucas, su primer perro, le habían diagnosticado un tumor en la cabeza y Juan Pablo sentía que debía despedirse de su compañero. Estando en el veterinario, el joven se arrodilló y abrazó a la mascota, y aunque desconocía que cuatro horas después su amigo iba a morir, la mirada de Juan y el ‘suspiro’ de Lucas fueron suficientes para entender que ese iba a ser su último adiós.

Fuente
Diana Paola Avendaño - eltiempo.com

 

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